El poder de sentir que perdiste tu poder

Hay mucho poder en reconocerse vulnerable. En sentir que estás abatido y simplemente aceptarlo como un estado más por el que transitar. 

Pero esta sociedad ha ideado millones de distracciones para no sentir ese dolor. 

Desde las más antiguas como consumir drogas legales o ilegales, leer un libro, ver contenido audiovisual creado para encriptar información en nuestro subconsciente, ir al restaurante, viajar por el mundo creyendo que así vas a encontrarte, etc. 

Hasta las más modernas, como consumir las vidas prefabricadas de otras personas en redes sociales, tener citas con desconocidos en un intento de tener un mínimo contacto con el amor desesperadamente o escuchar podcast de autoayuda donde alguien más te da su fórmula mágica de la felicidad. 

Porque el ser humano adolescente aún prefiere invertir tiempo en inventar nuevas formas de narcotizarse ante el dolor, en lugar de invertirlo en enfrentarlo, o más bien simplemente, en sentirlo. Porque, al fin y al cabo, es un estado más de la naturaleza humana.  

Pero los tiempos están cambiando y ha llegado la hora de madurar. Y madurar duele. Hay que atreverse a sentir dolor. Hay que atreverse a mirar a los ojos al miedo que nos da perdernos en nuestro sufrimiento interno.  

Porque detrás de sentir ese dolor, de sentir que el corazón se rompe en pedazos y vivirlo apasionadamente, como si fuera una experiencia más, dejándote atravesar el pecho por esa sensación tan desagradable de sentir que todo tu mundo se destruye, viene la transformación.  

Nadie dijo que fuera fácil este viaje, pero sólo los valientes que se cuelgan a sentir su dolor, confiando en que la luz llegará, aún cuando sólo se ve oscuridad, lograrán vivirlo como héroes.  

A.

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